Mira que llevaba tiempo avisando. Cada vez el recorrido de los limpias era más lento. En ocasiones ni siquiera saltaba en la frecuencia que le tocaba. Hasta que llegó el momento en que al activar la palanca del salpicadero ni siquiera se ponía en marcha.
Y, claro, por mucho que pienses: «No lo saco cuando llueve, que se me oxida». Esa excusa no le vale al técnico de la ITV cuando te toca pasarla.
Encontrar el motor del limpiaparabrisas de un SEAT 600 E (aunque es el mismo del D y el L Especial) que nunca haya sido usado es difícil. Bastante difícil. Quizá encuentres alguno usado y los nuevos valen más que cambiar los cuatro neumáticos. Y no es una exageración.
Por suerte, en la mayoría de los casos es reparable. Nada como desmontarlo con mucha maña, engrasar los puntos adecuados con la grasa correcta, sustituir los elementos que en estos modelos suelen fallar más y… ¡devolverle la vida!
El 600 E alicantino de 1971 vuelve a una velocidad y frecuencia de limpiaparabrisas normal (al menos con la que salían de la fábrica de Zona Franca de Barcelona).




