Los velocímetros de «mercurio» fueron muy habituales en los años 50 y 60. En España estuvieron presentes tanto en los SEAT 1400 B y B Especial como en los siguientes modelos 1400 C y 1500, en todas sus versiones. Realmente no llevan nada de mercurio, pero su sistema recuerda a un típico termómetro de los que se usaban con fines médicos.
Cuando desarmas el velocímetro, realmente hay un curioso sistema de cintas, cuerdas, imanes y poleas que le dan sentido a la velocidad del vehículo. Su funcionamiento tiene algo de complejidad, pero son muy vistosos y agradables de ver rodando como el primer día.
A éste SEAT 1500 monofaro de 1967 le ocurrió como a tantos otros Milquinientos. Que, con el tiempo, la velocidad deja de funcionar. No siempre es problema del cable o del reenvío que va en la caja de cambios. La mayoría de ocasiones el problema está en el velocímetro en sí.
Como en todos los clásicos, tanto por un uso intensivo como por la falta de él, terminan dejando de marcar la velocidad. Y si no, empiezan dando saltos, con ruidos más o menos preocupantes y, en multitud de ocasiones el daño ya estaba hecho.
Éste llegó con la velocidad en funcionamiento, pero empezó a mostrar un ruido cada vez más fuerte al pasar de 50 km/h. Tanto, que su dueño se preocupó de que finalmente se partiera alguna de sus pequeñas piezas. Nos lo mandó y procedemos a revisarlo, darle muchos mimos, ajustar que los marcadores de cuenta kilómetros estuvieran bien centrados en sus ventanas y, además, aprovechamos para sustituir el marcador de combustible (que tampoco funcionaba tras cambiar el aforador).
Ahora, el 1500 ya luce sus agujas y «mercurio» casi como su primer día. ¡Y por muchos años más!




